martes, 9 de agosto de 2016

De cómo el mismo neoliberalismo nos engaña.

Nadie de acá es ajeno a que Latinoamérica vive en medio de una lógica de producción capitalista neoliberal desde el momento en que entró en vigor el Consenso de Washington en la década de los noventa. Esta dinámica de producción tiene la característica que no se enfoca solo en producir bienes o servicios, sino en influir en todos los aspectos de nuestra vida. Y la cultura no es ajena a ello.

Guatemala, a mediados de la década de los noventa; terminó con una guerra interna que dejó miles de muertos, desaparecidos y desplazados. Asimismo, profundizó la brechas de pobreza y desigualdad, en donde entra una profunda idea de racismo asimilado e invisibilizado por algunos logros de los pueblos: reconocimiento de sus idiomas –no lenguas ni dialectos-, conmemoración de fechas importantes, etc.

La lógica neoliberal impulsada durante la misma época en la que se firmó la paz en este país, se caracteriza por tener una gran flexibilidad ideológica respecto a los derechos culturales indígenas debido a que –como menciona Charles Hale- la sociedad se reestructura de tal manera que la gente se comienza a gobernar a sí misma dentro de los principios del capital global. Es decir, se respetan los derechos culturales que se mantengan dentro de los parámetros de dichos principios, distinguiendo entre demandas mayas aceptables y “peligrosas”. Esto es denominado por Hale como multiculturalismo neoliberal.

El día de hoy, según Decreto del Congreso de la República 41-2016; se renombró el Estadio Nacional, una calzada principal en el municipio de Mixco y una escuela como Doroteo Guamuche Flores. Esto, dentro del marco del día que se señaló desde Naciones Unidas para conmemorar a los pueblos indígenas de todo el mundo. El ponente, diputado Mario Taracena, mencionó que esto es un homenaje –cabe señalar, post mortem- por los logros del atleta mixqueño.

Qué bueno que le reconozcan con su verdadero nombre, pero no hay que confundir esto con una lucha directa contra el racismo y la discriminación. Muchos me podrán decir que estos son símbolos importantes dentro de la lucha, pero tampoco hay que olvidar de dónde vienen –el Congreso mayoritariamente mestizo-, y que es un símbolo permitido que no pone en peligro el sistema que mantiene una dinámica de opresión de una mayoría minimizada por la dinámica neoliberal dentro de la que se mueve el mundo entero.

Dentro de lo que describía con anterioridad sobre multiculturalismo neoliberal, el renombrar un estadio queda como anillo al dedo. Es una acción aceptable, que no cuestiona las relaciones desiguales de racismo que mantienen el sometimiento social, político y económico de unos sobre otros. Es muy similar a lo que se ha practicado desde la independencia de este país, una imagen del indígena no como ciudadano, sino como un ser utilitario “capaz de los trabajos más duros. Con brazos que rompen montañas y pulverizan peñas que explotan el oro y la plata que se comercia” –José Cecilio del Valle-. Y, en este caso, como un atleta que le da gloria a su patria.

Ya en términos políticos, a un indígena muy pocas personas las considerarían como ministros de Finanzas, Defensa o incluso, Presidente de la República. Su espacio se reduce al permitido, al que no es peligroso: al Ministerio de Cultura y Deportes o la Academia de Lenguas Mayas.


Creo que hay demasiadas cosas por discutir, mucho más por estudiar…pero más importante, no dejarnos engañar como luciérnagas que al final se queman con la luz que las encandila, perdiendo el norte de la lucha por una reivindicación real: la autodeterminación de los pueblos.

jueves, 21 de julio de 2016

Vida Ultra...

“¿Qué más vas a hacer un sábado por la noche: Sentarte a escuchar a tus ídolos, pasar de las estupideces de tu mujer en un matrimonio sin sexo, salir a comer algo con un vaso de gaseosa de máquina? No me jodas, yo se lo que haré. Tottenham, fuera!” –Danny Dagger en The Football Factory.


Ser un Ultra no es solo pelear...

Muy similar a la Guatemala de hoy en día, la Inglaterra de finales de los setenta y principios de los ochenta –junto a España e Italia, principalmente- compartían dos cosas en común ante la juventud constantemente criminalizada: la calle y la iglesia como los únicos dos espacios para poder de alguna manera esparcirse y compartir.  Esta dinámica de represión hizo que las gradas de los estadios de fútbol se convirtieran en el semillero de grupos organizados con fines muy ajenos al Estado. Así nacieron los Ultras.

Paralelo a los países europeos, Argentina y Chile bajo los regímenes dictatoriales también vieron nacer a grupos organizados con características muy similares, pero bajo una lógica muy diferente a la europea: con una animación más colorida y pegajosa por los cantos sudamericanos que ahora son reconocidos por la mayoría de personas que siguen este deporte tan hermoso como el fútbol.

Frente a esta realidad impuesta muchos jóvenes han encontrado a lo largo del tiempo y alrededor del mundo dentro de las gradas de las generales de los estadios, un espacio utilizado para dos objetivos principales: el apoyo a un equipo determinado –los colores-, y la organización en torno a la animación y los visuales en los estadios. Esto aunado la mayoría de las veces a posturas políticas muy diversas y reivindicaciones de los lugares de origen –barrios, departamentos, países, regiones, etc.-.

Estas divisiones –por llamarlas de alguna manera-, son las que muchas veces son la excusa para llevar a cabo hechos que rayan en la ilegalidad y el crimen. Pero este no es el espacio para hablar de eso...lo que acá se quiere mostrar es cómo el ambiente y la forma de vida que gira en torno a las gradas en los estadios es uno de esos nichos de cultura popular que se han ido ignorando. De hecho, es muy poca la literatura sociológica sobre el tema en Europa central, región con mayor interés en el tema desde la visión de la seguridad ciudadana.

Desde afuera, todos quienes asisten a un estadio son vistos como personas que se ponen una camiseta durante un lapso de tiempo determinado que, al terminar el encuentro; vuelve a su vida normal. La vida Ultra es algo muy distinto…los colores se viven todos los días y a toda hora.

Esta forma de vivir –cultura popular, para usar términos más académicos- se ve en las posturas políticas de las barras, su forma de vestir, la forma de expresión, animación y defensa de los colores…Son muchos los temas que se desprenden de un tema que, para muchos, se convierte en algo muy similar al estímulo causado por algunas drogas: historia de los principales grupos organizados a nivel mundial, los grupos organizados e históricos de Guatemala, racismo y antifascismo en las gradas, violencia controlada y organizada dentro de los nuevos grupos de animación de la primera parte del siglo XXI, los movimientos musicales y su vinculación histórica a los grupos organizados de animación, la diferencia entre las animaciones europeas y latinoamericanas, peleas históricas, tragedias, reseñas del fútbol local, etc.


Esperando poder generar un espacio de discusión en un tema desconocido por muchos y apasionante para otros; esta es una primera aproximación al fútbol, más allá de ver cómo marca goles tu equipo y se corona campeón.