Nadie de acá es ajeno a que Latinoamérica vive en medio de una
lógica de producción capitalista neoliberal desde el momento en que entró en
vigor el Consenso de Washington en la década de los noventa. Esta dinámica de
producción tiene la característica que no se enfoca solo en producir bienes o
servicios, sino en influir en todos los aspectos de nuestra vida. Y la cultura
no es ajena a ello.
Guatemala, a mediados de la década de los noventa; terminó con una
guerra interna que dejó miles de muertos, desaparecidos y desplazados.
Asimismo, profundizó la brechas de pobreza y desigualdad, en donde entra una
profunda idea de racismo asimilado e invisibilizado por algunos logros de los
pueblos: reconocimiento de sus idiomas –no lenguas ni dialectos-, conmemoración
de fechas importantes, etc.
La lógica neoliberal impulsada durante la misma época en la que se
firmó la paz en este país, se caracteriza por tener una gran flexibilidad
ideológica respecto a los derechos culturales indígenas debido a que –como
menciona Charles Hale- la sociedad se reestructura de tal manera que la gente
se comienza a gobernar a sí misma dentro de los principios del capital global.
Es decir, se respetan los derechos culturales que se mantengan dentro de los
parámetros de dichos principios, distinguiendo entre demandas mayas aceptables
y “peligrosas”. Esto es denominado por Hale como multiculturalismo neoliberal.
El día de hoy, según Decreto del Congreso de la República 41-2016;
se renombró el Estadio Nacional, una calzada principal en el municipio de Mixco
y una escuela como Doroteo Guamuche Flores. Esto, dentro del marco del día que
se señaló desde Naciones Unidas para conmemorar a los pueblos indígenas de todo
el mundo. El ponente, diputado Mario Taracena, mencionó que esto es un homenaje
–cabe señalar, post mortem- por los logros del atleta mixqueño.
Qué bueno que le reconozcan con su verdadero nombre, pero no hay
que confundir esto con una lucha directa contra el racismo y la discriminación.
Muchos me podrán decir que estos son símbolos importantes dentro de la lucha,
pero tampoco hay que olvidar de dónde vienen –el Congreso mayoritariamente
mestizo-, y que es un símbolo permitido que no pone en peligro el sistema que
mantiene una dinámica de opresión de una mayoría minimizada por la dinámica
neoliberal dentro de la que se mueve el mundo entero.
Dentro de lo que describía con anterioridad sobre
multiculturalismo neoliberal, el renombrar un estadio queda como anillo al
dedo. Es una acción aceptable, que no cuestiona las relaciones desiguales de
racismo que mantienen el sometimiento social, político y económico de unos
sobre otros. Es muy similar a lo que se ha practicado desde la independencia de
este país, una imagen del indígena no como ciudadano, sino como un ser
utilitario “capaz de los trabajos más duros. Con brazos que rompen montañas y
pulverizan peñas que explotan el oro y la plata que se comercia” –José Cecilio
del Valle-. Y, en este caso, como un atleta que le da gloria a su patria.
Ya en términos políticos, a un indígena muy pocas personas las
considerarían como ministros de Finanzas, Defensa o incluso, Presidente de la
República. Su espacio se reduce al permitido, al que no es peligroso: al
Ministerio de Cultura y Deportes o la Academia de Lenguas Mayas.
Creo que hay demasiadas cosas por discutir, mucho más por
estudiar…pero más importante, no dejarnos engañar como luciérnagas que al final
se queman con la luz que las encandila, perdiendo el norte de la lucha por una
reivindicación real: la autodeterminación de los pueblos.
Los políticos simplemente quieren ser eso, politicamente correctos, para nada es algo que pueda cambiar de raíz los problemas sociales y culturales del racismo, aunque por algo hay que empezar. Fijate que ando buscando editores para mi sitio https://elhijodelblues.net por si te interesa mandame tu correo y te platico bien la cosa. hijodelblues.net@gmail.com
ResponderEliminarSaludos.